El problema de revisar una operación no es la falta de información, es que ya sabes cómo terminó. Una vez que sabes que perdió, todo lo que apuntaba en esa dirección salta a la vista y el resto se vuelve invisible. Es un sesgo documentado, y nadie se libra solo con buena voluntad.
TRES HÁBITOS QUE LO NEUTRALIZAN, por orden de eficacia.
ESCRIBIR ANTES. Con diferencia el más eficaz, y el único que funciona de verdad. Una nota tomada en la entrada, aunque sean dos líneas, ya no se puede reescribir después. Dice lo que veías cuando todavía no sabías. Sin ella, la revisión trabaja sobre un recuerdo reconstruido, no sobre una decisión.
SEPARAR LA DECISIÓN DEL RESULTADO. Una operación perdedora puede estar bien tomada, y una ganadora mal tomada. Si solo clasificas por resultado, aprenderás a evitar lo que perdió, que no es lo mismo que aprender a decidir mejor. La pregunta correcta es: con lo que sabía EN ESE MOMENTO, ¿la vuelvo a tomar?
REVISAR POR LOTES, NO UNA A UNA. Una operación aislada no dice casi nada: el azar basta para explicarla. Diez del mismo tipo sí dicen algo. Una revisión semanal de todas las operaciones de una misma configuración enseña más que diez revisiones en caliente.
DE QUÉ DESCONFIAR EN TUS NOTAS: « falta de paciencia », « falta de disciplina ». No son observaciones, son veredictos, y la semana siguiente no se puede hacer nada con ellos. « Salí en 1,1R con el objetivo en 3, una hora antes del cierre » sí es una observación. Se cuenta, y se corrige.