Steidlmayer, el Chicago Board of Trade, y la sala de subastas
El marco tiene un nombre y una fecha, lo que ya es raro en este oficio. J. Peter Steidlmayer, trader del parqué del Chicago Board of Trade, desarrolla ahí a principios de los años 1980 una manera de representar una sesión, que la propia bolsa difunde a mediados de la década con el nombre de Market Profile. Su libro de 1986, Markets and Market Logic, escrito con Kevin Koy, fija el vocabulario que sigue.
La idea de partida cabe en una frase, y es contraintuitiva: el trabajo de un mercado no es ni subir ni bajar, es encontrar un precio donde los intercambios se hagan. Una bolsa se comporta como una sala de subastas: anuncia un precio, mira quién responde, y si nadie responde anuncia otro. La sesión cierra, la búsqueda vuelve a empezar al día siguiente desde cero, y es ese cierre lo que vuelve medible una sesión: tiene un principio, un final, y una distribución que solo le pertenece a ella.
El mecanismo es el de una doble subasta. El precio sube para ir a buscar vendedores, hasta volverse lo bastante alto como para desanimar a los compradores. Vuelve a bajar para ir a buscar compradores, hasta volverse lo bastante bajo como para desanimar a los vendedores. Entre esos dos rechazos está la horquilla donde los dos bandos aceptan negociar.
De ahí se deriva una observación comprobable en cualquier gráfico: un mercado pasa la mayor parte de su tiempo en unas pocas zonas estrechas en precio y gruesas en volumen, unidas por desplazamientos anchos en precio y casi vacíos. No es una tesis que haya que creer, es lo que da la medida.
El valor, en el sentido de este marco y no de otro
La palabra valor está trucada, porque designa otra cosa en otros sitios. Para un analista financiero, el valor de una acción es lo que debería valer a la vista de sus beneficios. Ese sentido no tiene ningún papel aquí. El valor es aquí puramente descriptivo: la horquilla de precios que los dos bandos aceptaron, medida por el volumen que se negoció en ella. Se puede debatir sin fin sobre lo que un activo debería valer, no sobre el precio al que más contratos cambiaron de manos ayer.
Ese valor no está congelado. Se desplaza, sesión tras sesión, y es ese desplazamiento el que lleva la información útil. Un valor que se reconstruye más arriba tres días seguidos dice que el acuerdo se forma más arriba. Un valor que se queda en el mismo sitio dice que nada ha cambiado, sea cual sea la agitación de las velas dentro.
Tres posiciones relativas bastan para describir una sesión en curso. El precio está dentro del valor de la víspera, y el mercado está en equilibrio. Está fuera del valor y no vuelve a él, así que la aceptación se construye en otro sitio. Está fuera del valor y vuelve a caer dentro en el acto, así que un precio fue probado, rechazado, y el valor de la víspera todavía aguanta.
⚠️ Nada en esas tres posiciones dice qué hacer. Dicen dónde estás, que ya es mucho y no es lo mismo. Confundir una descripción de estado con una razón para entrar es la primera forma de perder dinero con esta rejilla.
Cómo se construye una distribución del volumen por precio
Un gráfico corriente enseña el precio en función del tiempo. Una distribución por precio gira la pregunta noventa grados: para cada precio, apila todo lo que se negoció en él durante el periodo, y le da absolutamente igual el orden en que ocurrió. El resultado se lee tumbado, en barras horizontales.
Coexisten dos formas de contar, y confundirlas alimenta muchos malentendidos. La versión de origen cuenta el tiempo: la sesión se trocea en tramos de treinta minutos, cada tramo recibe una letra, escrita a cada precio tocado durante el tramo. Es el TPO, de time price opportunity. Tu programa muestra hoy más bien el volumen realmente negociado a cada precio. Los dos dibujan formas parecidas, sin ser intercambiables.
La forma obtenida tiende a una campana: mucha actividad en el medio, cada vez menos a medida que uno se aleja. No es una elegancia estadística caída del cielo, es la firma de la subasta. El medio es el sitio donde los dos bandos encontraron cómo negociar, los extremos son los precios rechazados por uno o por otro.
Algunas sesiones no producen campana, sino dos jorobas separadas por un hueco, o una distribución estirada sin centro legible. Suelen ser las más instructivas: una forma irregular señala un mercado que cambió de opinión por el camino, o que no terminó el trabajo que había empezado.
El punto de control y el área de valor
El punto de control es el precio al que se negoció más volumen, es decir, la barra más larga de la distribución. Es el precio sobre el que el mercado más se puso de acuerdo durante el periodo observado. No es ni un soporte ni una resistencia, y presentarlo así hace perder lo que aporta: es el centro de gravedad del intercambio.
El área de valor es la horquilla que contiene alrededor del 70 % de la actividad del periodo. Se construye partiendo del punto de control y añadiendo los precios vecinos más cargados hasta llegar al umbral. La cifra del 70 % no tiene nada de mágica: es el orden de magnitud que cubriría una desviación típica si la distribución fuera normal, cosa que nunca es del todo. El umbral sigue siendo por tanto una convención, adoptada porque produce una horquilla legible, y la mayoría de los programas te dejan ajustarla.
Lo que esas dos referencias aportan es modesto y sólido. Dan un vocabulario común, que describe una sesión entera en tres números en vez de una impresión. Dan sobre todo direcciones: el techo del área de valor, el suelo, y el punto de control son tres precios que anotar antes de la apertura y que volver a encontrar al día siguiente.
⚠️ Un punto de control no es más fiable porque su barra parezca larga en la pantalla. Una sesión tranquila produce uno muy nítido y de poco alcance, porque todo pasó en el mismo sitio. Una sesión de mucha actividad produce una distribución ancha donde la misma referencia pesa mucho más. La longitud de una barra se lee relativamente al volumen total del periodo, nunca en absoluto.
Lo que cuenta el tiempo pasado a un precio
Un gráfico de velas codifica cuatro números por intervalo, la apertura, el cierre y los dos extremos. El tiempo solo figura ahí como una casilla más en el eje, y cada vela ocupa la misma anchura tanto si se negoció un contrato como cien mil. Una vela dice por tanto lo que pasó durante un intervalo, nunca cuántos intervalos pasó el mercado en el mismo sitio. Contar el tiempo por precio en vez del precio por intervalo es la única aportación que este marco no comparte con ningún otro.
Una zona atravesada deprisa y una zona habitada no son el mismo objeto, aunque ocupen exactamente la misma altura en la pantalla. En la primera, casi nadie tuvo tiempo de tomar una decisión. En la segunda, se abrieron, se cerraron, se reforzaron y se lamentaron posiciones durante toda la sesión.
La diferencia tiene una consecuencia mecánica más que psicológica. Aquí se cuela una confusión que conviene apartar enseguida: el volumen negociado no es el número de posiciones que han quedado abiertas, ya que lo esencial de un volumen grande es rotación, abierta y cerrada en el día. Aun así, cuanta más gente pasa por un precio, más posiciones vivas quedan ahí. Cuando el precio vuelve, encuentra a gente que quiere salir a cero, a otros que quieren reforzar, a otros que esperaban ese nivel para vender. Allí donde nadie negoció, no encuentra nada de eso.
El reverso de esa lectura es todavía más útil. Un precio que atraviesa en diez minutos una zona donde había pasado tres días dice que el acuerdo de ayer ya no existe. Un precio que se instala en una zona que había cruzado como una ráfaga dice que se está formando un acuerdo donde no lo había. Son informaciones de régimen, no señales, y se leen junto con la lección sobre la estructura de mercado, que describe el mismo vuelco con el vocabulario de los máximos y los mínimos. No hace falta ninguna herramienta para empezar: los sitios donde los cuerpos de las velas se solapan largo rato son zonas habitadas.
Equilibrio, desequilibrio, y la extensión de rango
Un mercado solo tiene dos estados en este marco, y alterna entre los dos sin detenerse nunca. En equilibrio, los dos bandos están de acuerdo sobre la horquilla, el precio gira dentro, la distribución engorda y el tiempo pasa. En desequilibrio, un bando se impone, el precio deja la horquilla y recorre mucha distancia en pocas transacciones.
Steidlmayer tenía una referencia simple para reconocer el vuelco mientras se produce: la balance inicial, es decir, la amplitud de la primera hora de cotización, o sea los dos primeros tramos de treinta minutos del troceado visto más arriba. Todo lo que se negocia más allá es una extensión de rango, lo que los programas muestran con el nombre inglés de range extension. Una sesión sin extensión es una sesión de equilibrio, en la que la primera hora bastó para encuadrar la jornada. Una extensión fuerte de un solo lado señala en cambio el desequilibrio.
Esa referencia ha envejecido en un punto, y más vale decirlo que copiarlo. Fue concebida para mercados de sesión corta, con una apertura nítida y un parqué. En un instrumento cotizado veinticuatro horas, la primera hora hay que redefinirla, por lo general en torno a la apertura de la sesión más activa. La lógica no envejece: compara la amplitud ya recorrida con la que se había fijado al principio.
La secuencia completa se lee a todas las escalas. Se construye una zona de equilibrio, acaba dejando de convenir a uno de los dos bandos, el precio la abandona en desequilibrio, recorre una distancia, y luego construye una nueva zona de equilibrio más arriba o más abajo. Un mercado nunca está en otro sitio que en una de esas dos fases.
Las zonas de bajo volumen, y por qué ciertos precios actúan como imanes
Una distribución no enseña solo sus jorobas, enseña también sus huecos, y son ellos los que dan las referencias más operativas. Una zona de bajo volumen, dentro de una distribución o entre dos distribuciones vecinas, es un sitio donde casi nada se negoció. Nadie se puso ahí de acuerdo. Cuando el precio vuelve, la cruza deprisa, al alza igual que a la baja, y esa velocidad se repite lo bastante como para poder contar con ella.
Fíjate bien en lo que mide ese hueco, porque es ahí donde uno se equivoca. No dice que el libro esté vacío en ese sitio ahora: un libro se reconstituye permanentemente y hay órdenes a todos los precios. Dice que nadie construyó ahí una posición en el pasado, y por tanto que nadie tiene inventario que defender ni razón para detenerse. Es una ausencia de interés, no una ausencia de órdenes, y lo único que permite anticipar es una velocidad de paso. La dirección, en cambio, queda enteramente abierta.
El corolario es la frase que hay que retener de esta lección: allí donde el intercambio se hizo fácilmente, se vuelve a hacer fácilmente. Un cúmulo de volumen dejado atrás actúa como un imán, no porque atraiga nada, sino porque un participante que tiene que negociar en cantidad elige el sitio donde encontrará contraparte, y ese sitio es aquel donde ya la había. Un punto de control dejado sin volver a tocar es por tanto un candidato serio a la vuelta, con una frecuencia que depende del instrumento y que el ejercicio de final de lección te hará medir en el tuyo en vez de creerlo de palabra.
⚠️ Un imán no es una garantía. Un mercado puede perfectamente instalarse en una zona vacía y construir ahí una distribución nueva, que es justamente la manera en que se forma un valor nuevo. La forma correcta de usarlo no es por tanto apostar por el cruce, es saber antes de entrar si la zona a la que apuntas está vacía o llena.
El uso honesto de esta rejilla
Un perfil no dispara nada. No tiene ni señal de entrada, ni condición, ni sentido de operación, y todo lo que te vendan como tal es una capa añadida por otra persona. Lo que la rejilla aporta es más raro: te ayuda a elegir dónde, una vez que has decidido qué hacer por otras razones.
Dónde poner un objetivo, primero. Un objetivo puesto sobre un cúmulo de volumen dejado atrás es una petición razonable que hacerle al mercado, porque es un sitio donde ya ha demostrado que sabía negociar en cantidad. Un objetivo puesto en medio de un vacío es arbitrario: nada retiene al precio en ese sitio preciso en vez de en el siguiente.
Dónde poner un stop, después, y es ahí donde esta rejilla devuelve su coste de aprendizaje. Un stop colocado dentro de un cúmulo de volumen será tocado por la rotación ordinaria, porque girar es exactamente lo que el precio hace dentro de un cúmulo. El mismo stop colocado detrás de la zona sobrevive a esa rotación y solo salta si el mercado ha abandonado realmente el equilibrio, a cambio de una posición más pequeña que la lección sobre el riesgo te enseñó a calcular.
⛔ Una advertencia manda sobre todo lo demás: esta lectura exige un volumen declarado, es decir, un mercado donde cada ejecución se publica. No es lo mismo que un libro único, una acción se negocia en varias plataformas a la vez y su volumen no es por eso menos real, y la lección sobre el order flow hace la criba instrumento por instrumento. Retén aquí la consecuencia: allí donde tu plataforma cuenta cambios de precio en vez de un volumen, lees una actividad relativa y no puedes construir un área de valor. La versión en TPO sigue siendo aplicable en todas partes, y no es casualidad: el marco de origen contaba el tiempo porque el volumen por precio no se difundía en sesión en aquella época.
Entrenarse: leer un perfil en una sesión
El ejercicio cabe en veinte minutos y solo exige un programa capaz de mostrar un perfil de volumen, cosa que hoy hacen herramientas gratuitas. Elige un instrumento cuyo volumen esté declarado, y una sesión ya terminada: no buscas predecir, buscas describir algo acabado.
Muestra el perfil de la sesión de la víspera. Anota tres números en una hoja: el punto de control, el techo del área de valor y el suelo. Escribe después en una línea la forma que ves: una campana regular, dos jorobas separadas por un hueco, o un perfil estirado sin centro legible.
Abre ahora la sesión siguiente y responde a tres preguntas, en este orden. ¿El precio abrió dentro del área de valor de la víspera, por encima o por debajo? Si abrió fuera, ¿volvió a ella, y al cabo de cuánto tiempo? ¿Se tocó el punto de control de la víspera durante la sesión, sí o no?
Repítelo en diez sesiones consecutivas, en el mismo instrumento, en una tabla de siete columnas: la fecha, los tres números, la forma, la posición de la apertura, y el punto de control tocado o no. Tendrás entonces algo que ningún curso puede darte: la frecuencia, en tu propio instrumento, con la que se revisita el punto de control de la víspera. Si es mediocre, acabas de aprender que esta rejilla no te aportará gran cosa ahí, por veinte minutos de trabajo.
Lo que debes recordar
- El trabajo de un mercado es encontrar un precio donde los intercambios se hagan. Subir o bajar no es su objetivo.
- El valor, en este marco, es descriptivo: la horquilla donde se negoció el volumen, no lo que el activo debería valer.
- El punto de control es el precio más negociado del periodo, y el área de valor es la horquilla donde se negoció alrededor del 70 % del volumen.
- La distribución tiende a una campana porque es la firma de la subasta: acuerdo en el centro, rechazo en los extremos.
- Una zona atravesada deprisa y una zona habitada no tienen el mismo contenido, aunque tengan la misma altura en tu pantalla.
- El mercado alterna entre equilibrio y desequilibrio, y la extensión de rango mide el vuelco mientras se produce.
- Allí donde el intercambio se hizo fácilmente se vuelve a hacer fácilmente, y una zona vacía se vuelve a atravesar deprisa en los dos sentidos.
- Esta rejilla sirve para elegir dónde poner un objetivo o un stop. No dispara ninguna entrada, y exige un volumen declarado.
Para profundizar
Estos artículos del blog profundizan en las nociones de esta lección, un tema por artículo.